Jueves, 22 de mayo de 2008
En el trabajo le mandan unos informes y con prisa con la mayor rapidez posible. Se pone nervioso se atranca pide ayuda a sus compañeros. Le dicen que no les molesten que están en otra cosa y que se espabile por si solo. Sus superiores ven que las cuentas salen mal le ven y lo llaman. Después de la reunión y sin haber empezado los informes se los piden en medio de la reunión. Sale del despacho con ganas de acabar ya de una maldita vez el día. De repente nota el cosquilleo de la barriga va a la maquina a comer. No funciona que esperaba, se ríe y en medio de la risa se atraganta. Un compañero lo ve y le salva. Sale aliviado y tropieza con unos operarios. La escala de madera topa con uno de ellos y cede y por ello cae el operario de arriba. Un juego de fichas de dominó mal intencionado a parece en la vista de este. No son ni las doce y ya ve su futuro muy negro un negro muy oscuro. La torpeza de hoy le hace que como mínimo la obertura de dos expedientes y la posibilidad de no renovar el contrato. Hora de comer, sale a la calle y despistadamente el despistado del perro pone su cola despistada debajo de la suela sus zapatos. Una carrera de 10 minutos que al final cesa con la ayuda de su fiel compañero de camarero. Después de una conversa filosófica sobre la mala suerte y la buena y con un buen plato, que de eso nunca falte. Se va aliviado, contento, sonriente sabiendo una vez mas que todo esto le puede pasar a cualquiera y que hay cosas que el ser humano no puede controlar, al igual que no puede controlar esa mala caída en el duro asfalto de la calle.
Publicado por Emilio.Lopez @ 21:35  | Relatos
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