Martes, 27 de enero de 2009

 

Cuentan que en un hospital reconocido trabajaba la celadora, un sueldo bajo, un ambiente difícil, horas extras por doquier pero ella nunca perdía su sonrisa a los pacientes. Lloraba la muerte de ellos pues su corazón no había llegado al extremo de endurecerse como la de sus otros compañ[email protected] Que a veces deseaban la muerte de estos o tranquilamente no los atendían. Se sabe que cuando tenía el descanso del desayuno iba a la habitación de aquella anciana. Le hacia compañía y gracia y ha veces contaban cosas de mujeres, la sociedad, el amor, la vida… Eran momentos donde ella rompía de lo cotidiano del día a día. La anciana tenia el sistema respiratorio débil y necesitaba en todo momento la bombona de oxigeno. Solo eran 20 minutos pero eran gratamente aprovechados por las dos. Ella le enseñaba la experiencia y le explicaba historias de la guerra civil Española o del franquismo. Y ella por su parte le daba el vitalismo para seguir vivir y los recuerdos de la juventud. Un día le llamaron sus superiores le comunicaron que no había renovación el contrato ya que cada año se suelen renovar los puestos de celador/a . Se fue se marchó llevando consigo todos los recuerdos de aquel lugar. Sus ojos recordaban escenas tristes y amargas, dulces y agradables. Pero sobre todo le dejo clara dos cosas la dureza la vida y la fortaleza de muchos pacientes de vivirla.    


Publicado por Emilio.Lopez @ 21:58  | Relatos
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Comentarios
Publicado por Enrique
Martes, 27 de enero de 2009 | 22:08
Me gusta el relato. Sobretodo la descripci?n de lo que se aportan la anciana y la celadora. Y lo que se llevan sus ojos al marchar.
Cuidat?.
Publicado por Emilio.Lopez
S?bado, 12 de septiembre de 2009 | 15:55
Si, gracias t?o me alegra ver que te guste.