S?bado, 01 de junio de 2019

Estaba fumando un cigarro, a veces le costaba acordarse de su verdadero nombre la habían llamado de tantas maneras. Tantos trabajos. Althea, sí un nombre común de donde ella era. Hacía pocos días había asesinado a una mujer pelirroja de un disparo en la cabeza. Sus superiores la tenían bien escondida y la policía Suiza no fue capaz de encontrarla. Era una asesina letal, como su maestro. Apodado el hombre más letal del mundo. Sonrío a sus adentros una de sus primeras víctimas. Recuerda esos lloros, ese dolor que sentía. Aprendió a no olvidar ese dolor, pero también a no dejarse llevar por sus sentimientos. Sus víctimas eran objetivos, nunca se relacionaba con ellos, nunca. Solo quería tres cosas de sus dianas. Imagen, sitio y nombre. Ella ya se espabilaría en que no hubiera testigos. Se enamoró hace tiempo y se engañaría así misma, si pensara que no lo disfruto o que no le gustó. Pero ya no lo necesitaba, algo del pasado. ¿Sociopata? quizá, la vida le había hecho así. Intentaba siempre relacionarse lo más mínimo en su alrededor. No llamaba la atención, era su obligación: no destacar. Las autoridades buscaban nombres de hombre o de mujer eso le hacía reír y era lo que le hacía subir la adrenalina de su trabajo. Su dinero lo daba a sus familiares. Ella los consideraba así. Algunos tenían parentesco, eran pocos y nadie de ellos sabía de su trabajo. Ahora le vienen tantos recuerdos. Por ejemplo: su maestro mató a su pareja, su padre y su madre lucharon para sobrevivir y darle a ella una educación. La vida la había educado. "El corazón fuerte es una arma más poderosa en este trabajo" le decía su maestro. Finalizó su cigarrillo. Una vez finalizado su ultima calada, vio como la cola del cine había menguado. Un cliente más para poder comprar las entradas. La taquillera del cine le cobró en metálico eficazmente. Dentro de la sala 1 estaba el gorila. Se acercó y se sentó al lado de ese hombre corpulento. "- La has hecho buena" le dijo a ella. No contestó. "¿Esperemos que apaguen las luces mejor?". "Como siempre claro."- esta vez si respondió. Al cabo de unos 3 minutos se apagaron las luces. Era una película muy mala con poca gente. Como siempre solían hacer. Le extendió el fajo de billetes. Ella lo cogió. Ya no los contaba era trato de tú a tú. Está vez no tenía ganas de sexo así que cuando tuvo la oportunidad se fue y dejó al varón con las ganas. El gorila meditó y miró a su entrepierna y soltó "Esta vez no tenemos suerte". Le gustaba cerrar los tratos en aquel país. Todo era caro y había 0 sol. Pero le gustaba, era raro como ella. Se aceptaba tal y como era.

Los padres de Úrsula estaban llorando su perdida otra vez. Iban 2 veces a la semana. Llevaban más de un mes así. Un día cuando fueron a la tumba encontraron una flor blanca. Ellos no conocían el nombre. Era una Tuberosa.


Publicado por Emilio.Lopez @ 17:17  | Relatos
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